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Una de películas: As good as it gets (Mejor imposible)

Creo que poca gente no debe haber visto esta gran película del genial Jack Nicholson. Si no las has visto, no esperes más. As good as it gets (Mejor imposible), es una película que mezcla la comedia y el drama a partes iguales. Película americana de 139 minutos de duración del año 1997. Ambos actores protagonistas ganaron un Óscar, bien merecida ambas.

Fuente: Filmaffinity

Narra la historia la historia de Melvin (Jack Nicholson) un maniático en todo lo que se pueda imaginar con mil manías. En este caso Melvin representaría a un obsesivo-compulsivo llevado al extremo y a la comedia para la película. Melvin sigue todos su patrones y manías y parece que nadie puede hacerlo cambiar hasta que conoce a una mujer (Helen Hunt) que supone un punto de inflexión en su vida.

Esta película es digna de ver, comedia y drama a dosis iguales. Y también la presentación del trastorno obsesivo-compulsivo, un problema real que sufren muchas personas. Pero como siempre os recuerdo esta película es ficción.

*Todos los derechos son del creador. Sólo difundo este vídeo. No soy su creadora ni su dueña.*

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Cuentos para pensar: El traje del emperador

Esta vez un cuento que a mí siempre me ha gustado. Recuerdo una vez que lo usé con un grupo de niños para trabajar la mentira y la confianza, fue todo un acierto y gustó mucho. Espero que también os guste tanto como a ellos. El cuento nos habla de la importancia de decir las cosas a veces aunque no nos guste escucharlas o decirlas, también de las apariencias. Aparentar lo que no se es, o lo que no se tiene al final sólo perjudica y no ayuda nada.

Este cuento es El Traje del emperador o  también se llama El rey desnudo escrito por Hans Christian Andersen.

El traje del Emperador (Hans Christian Andersen)

Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.

No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.

La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.

Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.

«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.

«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».

El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.

Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».

-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.

-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.

-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.

Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.

Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.

-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.

-¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.

Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.

-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.

«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».

-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.

Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.

El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!

Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto… Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.

-¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.

-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?

Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.

-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!

-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle – anunció el maestro de Ceremonias.

-Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? – y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.

Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:

-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

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Una de cortos: El puente (Bridge)

Vuelve una de cortos. Hoy «Bridge» (El puente). Un corto de Ting Chian Tey. Menos de 3 minutos de duración con un buen mensaje nos trae este corto.

Este corto nos enseña el valor del trabajo en equipo a pesar de las diferencias individuales. El corto nos presenta varios animales: ciervo, oso, conejo y mapache. Podemos apreciar ya a simple vista diferencias entre estos animales, sin embargo al trabajar todos juntos el puente no parece tan difícil de afrontar.

Ponerse de acuerdo con otras personas no siempre es fácil. Los grupos de trabajo suelen dar más de un dolor de cabeza sin embargo si se consigue dialogar y llegar a un acuerdo común se podrá avanzar en el proyecto que se esté trabajando.

Los desacuerdos y situaciones de confrontación ante problemas no son las mejores soluciones a ellos. Por eso es mejor colaborar, poner puntos de vista comunes y tratar de llegar al mejor consenso para todos los participantes.

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Una de series: Samantha who?

Hoy, una de series: Samanta who?. Una divertida serie de 20 minutos de duración por capítulo. Lamentablemente sólo consta de 2 temporadas y protagonizada por la actriz Christina Applegate.

El argumento es sencillo, Samantha Newly, despierta tras estar en coma durante casi 10 días pero no recuerda nada. Nada sobre ella, su entorno, sus amigos, sus parejas, o como era ella antes de la amnesia. Entonces poco a poco descubre que en el pasado, antes de la amnesia, había sido muy mala persona y se ha portado mal con todos los que la rodean. Trata a partir de ese momento de enmendar sus errores y convertirse en una mejor persona.

La amnesia es un trastorno que sufre la memoria de una persona, siendo ésta incapaz de retener o recordar información. Las causas pueden ser:

  • Orgánicas: Enfermedades o por sustancias como drogas.
  • Funcionales: Psicológicas, a modo de mecanismos de defensa para autoprotegernos de algo que nos ha sucedido, u otros motivos.

A su vez existen dos tipos de amnesia: según lo que se recuerde:

  • Amnesia retrógrada: Los acontecimientos que sucedan antes del evento que provoque no son recordados. Es lo que sucede a Samantha, la protagonista de la serie.
  • Amnesia anterógrada: Los nuevos acontecimientos que sucedan después del evento que provoque la amnesia no serán recordados.

Además existen otras clasificaciones también según su origen, pero de momento con esta pequeña clasificación nos vale.

Fuente: Filmaffinity

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Una de cortos: The butterfly circus (El circo de las mariposas)

Hoy un corto precioso del año 2009. «The butterfly circus» o «El circo de las mariposas«. Un corto de 20 minutos de duración de Estados Unidos y dirigido por Joshua Weigel.

Es un corto sobre la inclusión y también sobre la exclusión de personas con capacidades diferentes. Es un corto que inspira y te hace sentir más humano. Es un viaje por las emociones del personaje principal, Will, y hacia la aceptación de como es uno mismo. Para obtener de este modo lo mejor que puedes dar de ti mismo.

La historia narra la vida de Will un hombre sin piernas ni brazos que vive en un circo dónde es la atracción del mismo. Se ve como un bicho raro y se siente acomplejado por su situación hasta que conoce a otro grupo de personas con capacidades diferentes y con ellos a aprende a valorar sus propias capacidades siendo capaz de lograr muchas cosas que antes no pensaba que pudiera hacer.

A continuación, el corto:

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Cuentos para pensar: El elefante encadenado

Me acuerdo cuando hice mis primeras prácticas en el campo de la psicología que mi tutor me dio a conocer este hermoso cuento o moraleja del conocido autor Jorge Bucay. Este cuento nos enseña muchas cosas. Entre ellas que a veces nos acostumbramos a todo, hasta lo que nos hace daño, incluso cuando podemos cambiar esa situación por nosotros mismos. Muchas veces vivimos en el no puedo, no quiero y no sé. Demasiados no, ya que en ocasiones sí se puede, aunque no se quiera y sí se sabe. Y en otras se quiere pero no se sabe, al menos se intenta. Os dejo este precioso cuento:

El elefante encadenado (Jorge Bucay)

De pequeño me gustaba el circo. Me encantaban los espectáculos con animales y el animal que más me gustaba era el elefante. Me impresionaban sus enormes dimensiones y su fuerza descomunal. Después de la función, al salir de la carpa, me quedaba extrañado al ver el animal atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que le aprisionaba una de las patas. La cadena era gruesa, pero la estaca era un ridículo trozo de madera clavado a pocos centímetros de profundidad. Era evidente que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo también podía tirar de aquel minúsculo tronco y huir.

—¿Por qué no la arranca y se escapa? —pregunté a mis padres.

Me contestaron que era porque estaba amaestrado. La respuesta, sin embargo, no me satisfizo. «Si estaba amaestrado, ¿por qué lo tenían atado?». Pregunté a parientes y maestros y pasó mucho tiempo, mucho, hasta que alguien que resultó ser un sabio me dio una respuesta convincente: «El elefante del circo no se escapa porque está atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño ».

Entonces me imaginé el elefante recién nacido y atado a una estaca. Seguro que el animal tiró y tiró tratando de liberarse. Debía terminar el día agotado porque aquella estaca era más fuerte que él. Al día siguiente debía volver a probar con el mismo resultado y al tercer día igual. Y así hasta que un día terrible para el resto de su vida, el elefante aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Desde entonces, el elefante tenía grabado el recuerdo de su impotencia. Y lo que es peor, nunca más volvió a cuestionarse ese recuerdo y nunca más volvió a poner a prueba su fuerza.

¿Y tú te has sentido encadenado alguna vez?. Muchas veces las personas nos encontramos en la misma situación del elefante encadenados por alguna estaca. A veces puede ser por alguna situación que nos esté pasando en ese momento en otras veces son nuestros propios pensamientos los que nos encadenan o pensar que no soy capaz de hacer algo. Como ya hemos hablado anteriormente los pensamientos pueden producirnos grandes dolores de cabeza sobretodo si son del tipo «yo no puedo» o «yo no sé». A veces también cuando somos pequeños nos inculcan este tipo de pensamientos «no vas a ser nadie nunca» por ejemplo y ahora que somos adultos, como nuestro elefante, no somos capaces de actuar y cambiar esa situación.

Reflexionemos sobre el elefante y sobre las estacas que tenemos cada uno.

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Guía para menores sobre violencia

He encontrado esta guía más que interesante de la ONG Unicef, que creo que no hace falta presentar ya que todo el mundo debe conocerla. Se trata de una guía para menores sobre la violencia, con buenas explicaciones y actividades para trabajar este tema. Unicef suele tener buenas guías para todo y es bueno de vez en cuando echar un vistazo para ver que nos pueden ofrecer.

Para acceder a la guía pincha aquí.

Picture by Ryan McGuire

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